Cabezas-globo
En esta propaganda de Fibertel, esa imagen de la cabeza-globo me llamó mucho la atención.
De hecho, tanto fué así que me pregunté hasta qué punto estoy y estamos hechos unas cabezas infladas.
Las cabezas-globo viven convencidas, creídas de poder volar por los cielos digitales de una Internet donde se puede encontrar "todo lo que se busque", informarse sobre "todo lo que pasa". Pero hasta qué punto todo eso no es más que expresión de un puro ego inflado.
Las cabezas-globo no tienen brazos. Esto equivale a no tener proyectos o inquietudes propias. Para ellas "encontrar todo lo que busco" ya es tarea suficiente, incrementar los datos absorbidos para inflar más la cabeza-globo y mantenerse en vuelo. ¿Fuera de eso hay algo más? ¿A quién le importa? Bastante con disfrutar del viento y las masas de aire infinitas, con datos inagotables que se consumen y disfrutan sin parar.
Las cabezas-globo no tienen piernas. Vale decir, no dirigen ni regulan su marcha. Proclaman habitar y conquistar el cielo en entera libertad, pero como los globos, no tienen ni motor ni timón: siempre están a merced del viento y cualquier otra cosa que esté en el aire. En el cielo digital, esto es decir cualquier moda, pavada o iniciativa dada por sitios web que nos gusten, quienes seguimos en Twitter y Facebook o cualquier otra red social, promociones y ofertas de consumo y larguísimo etcétera. No preguntemos a las cabezas-globo adónde van. Habrá algunas excepciones que tratarán de regular su rumbo, pero en general esa decisión no depende de ellas sino de las corrientes mediáticas que las lleven.
Y las cabezas-globo tampoco tienen pies. O sea, no pisan el suelo, que es la dura y sucia realidad cotidiana de todos los días, la que se ve en la calle. De esa realidad están desconectadas. ¡Eso no impide que hablen de ella, tienen ojos, oídos, boca! Muchas veces, como cabezas infladas que son, despliegan y discuten innumerables críticas y soluciones sobre todo. Pero fuera del interminable parloteo, no pasa nada. Ellas están siempre en el aire, en la teoría. Sin pies, no pueden afirmarse en un punto determinado del suelo, o de la realidad cotidiana, para influír sobre ella con la práctica. Y como las cabezas-globo tampoco tienen manos, no van a cambiarla en alguna proporción.
Así como no pueden influír sobre el suelo, tampoco las cabezas-globo pueden influír mucho entre ellas. Y de hecho, no hay necesidad para eso, ya que las corrientes mediáticas de aire se encargan de todo. Ocupadas permanentemente de mantenerse en el cielo, están solas. Dicen que están siempre acompañadas porque los vientos las agrupan en conglomerados inmensos, que les permiten relacionarse entre sí. Pero al igual que los globos, su interior es puro aire caliente, lo poco valioso que traen es lo que llevan en su pequeña barquilla. Sin manos, no se sabe cómo pueden darlo y compartirlo con otros, que es un poco la esencia de una amistad verdadera, el participar de experiencias reales compartidas. La soledad es interior, y no la compensan quienes están alrededor.
Sin brazos ni manos, sin piernas ni pies, en soledad, colgadas siempre del aire, las cabezas-globo son vulnerables, dependientes de un entorno del cual no se pueden defender, porque sobre él no pueden influír.
Una prueba dolorosa y triste de esto se tuvo en la Buenos Aires de fines de 2010, donde por el elevado calor, el colapso de varios servicios y diversos conflictos de índole político-social no hubo combustible ni transportes, en muchos puntos no hubo luz ni agua, no había bancos ni había efectivo en los cajeros automáticos, y mucho más. Sí había Internet, y las quejas llenaban Twitter y Facebook pero para qué, si los problemas eran a una escala donde las personas comunes no podían intervenir, donde quienes sí podían hacerlo eran el Estado Nacional y las empresas de servicios, que en la realidad son las únicas entidades en nuestra sociedad con brazos y manos, piernas y pies.
Quizá precisamente por eso, tanto Estado como empresas se movieron a su ritmo e interés, como se les cantó la gana. Total, la gente, los usuarios, son cabezas-globo, están en el aire de adorno, sus gritos y quejas no valen nada.
Frente a semejante escenario, se me ocurrió preguntarme cómo seriá todo si en vez de cabezas-globo hubiera seres humanos reales. Pero ¡ay! Difícil pensar en lo que haría un hombre, cuando uno mismo está hecho un globo. Y este juego de analogías me mostró una realidad dolorosa que todavía estoy tratando de aceptar.
Por todo esto va para tí, que lees estas líneas, mi deseo-desafío para este 2011: que busquemos, tanto tú como yo, dejar de ser cabezas-globo para convertirnos en personas reales, completas y enteras.