Después del bombardeo de hielo
(Plaza de Estación Bartolomé Mitre, Olivos, en la mañana siguiente de la tormenta. Obsérvese el follaje caído arrancado por el granizo)
En la noche del domingo 18/04, a eso de las 19:45, el cielo se nos cayó encima en forma de granizo del tamaño de pelotas de tenis. Detalles al respecto aquí.
Fueron alrededor de 15 minutos donde la visibilidad fué nula, cayó el tercio de la lluvia esperada para todo el mes. Pero en particular fué un apocalipsis para todo vidrio, teja y estructura al descubierto. En mi caso, afortunadamente los daños fueron mínimos: gloria a los árboles que pudieron proteger a los autos, y por suerte no hubo viento, con lo que los daños podrían haber sido peores.
Cuando salí a ver los destrozos, no era el único que estaba con la boca abierta. Pude recoger un granizo, sin derretir en el suelo: era extraordinariamente denso y pesado.
En particular, un Renault Megane último modelo no tenía perforado un vidrio, sino la chapa, justo en el parante al borde del capot. Lamentablemente no pude sacarle una foto, pero aparte de ser un indicador de la potencia de los impactos, me quedó muy claro que esos autos tienen carrocería de fibra de vidrio, ni loco los compraría y vos lector estás advertido ^-^
Cuando salí a la mañana siguiente a llevar a mis hijas al colegio, bajo una densa niebla, pude observar escombros de tejas y pizarras en todas las veredas, pedazos eyectados de los cráteres de impacto del granizo en los tejados. Un bombardeo en toda regla.
Desde luego, un nuevo efecto del Cambio Climático. Pero mejor no discutamos si es por calentamiento o por enfriamiento: mis vecinos ahora chismorrean que este invierno volverá a caer nieve, y a ver si se cumple parte de mi Profecía 1 para el 2012 por adelantado ^-^
Más importante que eso, es que las compañías aseguradoras se lavan olímpicamente las manos, y todos los arreglos terminan siendo pagados por el bolsillo de cada uno. Entonces ¿para qué demonios existen las compañías de seguros? Pareciera que son un curro para vender seguridad psicológica. Fantástico para tiempos normales, pero este siglo XXI es imprevisible, los tiempos son de crisis, y por mi parte la ilusión del seguro tiene los días contados.
Otra cosa que observó mi señora era obvio, pero lo dejamos pasar: mucho de lo dañado (autos, ventanas, cristales, mobiliario de habitaciones inundadas por agujeros en el techo o granizo que entró por aberturas, etc) hasta dónde no es artículo de lujo, de ostentación, y estamos aferrados a él. Cuando salí tras la tormenta, oí un lamento a viva voz: "¿y ahora cómo voy a pagar todo esto?". La frase de mi señora:
- Habrá que dejar lo material.
¿Es algo muy extremo eso? Frente a un clima imprevisible y cada vez más violento, hay pautas que cada vez tienen menos sentido. Por ejemplo, el abuso de vidrios y cristales en la construcción, tejados cuya reparación y reposición será cada vez más onerosa.
Y en particular, los autos.
Los grandes damnificados de la tormenta fueron ellos, no las personas. Una cochera techada en forma resistente y sólida valdrá cada vez más su precio en oro, y dejar el vehículo en la calle será para pensarlo dos veces. Esto puede dar pié a una reformulación de lo que entendemos por urbanización, creo vale tenerlo en cuenta.